El poder de la sangre de Drácula (1969)

“Taste the Blood of Dracula” 1969

Dir: Peter Sasdy.

Int: Christopher Lee, Geoffrey Keen, Gwen Watford, Linda Hayden, Peter Sallis, Anthony Corlan, Ralph Bates, John Carson, Isla Blair, Roy Kinnear.

Bien porque el personaje no colmaba sus deseos interpretativos, o por el encasillamiento al que se estaba viendo condenado, Christopher Lee había decidido no volver a interpretar al rey de los vampiros. Para el quinto Drácula de la Hammer (contando con las Novias de Drácula), Anthony Hinds escribió el guion de un nuevo Drácula sin Drácula. El protagonismo debía caer sobre el actor Ralph Bates, que unos años más tarde protagonizaría la también hammeriana Dr. Jeckyl y su hermana Hyde. Seguramente la intención del estudio era darle el relevo a Bates a la cabeza de la franquicia, pero cuando la Warner, distribuidora en Estados Unidos de las películas de la Hammer, se enteró de que la película no iba a contar con Lee, anunció que no pondrían una sola libra para el rodaje.

Como el propio Lee ha manifestado, no se trataba únicamente de una decisión personal, sino que su negativa a ponerse la capa y los colmillos ponía en un brete la continuidad laboral de los muchos técnicos y creadores, todos ellos amigos suyos, de la productora inglesa.

Esto provoca que cambie de idea y participe en el film, por lo que el guion tuvo que ser remendado sobre la marcha. Posiblemente por esto, la presencia del conde será secundaria en el transcurso de la historia. Toda la parte de Lee parecen poco más que insertos, como si hubieran quedado un par de tardes con él para salvar los muebles.

A pesar de ello, El poder de la sangre de Drácula es una película muy entretenida, aunque en general denostada por la crítica. La dirección del debutante Peter Sasdy no destaca en ningún aspecto, pero la película cuenta con una buena dirección artística, una vibrante banda sonora (a cargo nuevamente de James Bernard) y uno de los más interesantes trasfondos de la saga en su guion.

La película comienza con un comerciante que accidentalmente contempla la muerte del conde en Drácula vuelve de la tumba. El comerciante recoge la sangre y algunas reliquias del vampiro, y la acción nos traslada a una ciudad victoriana en la que conocemos a tres acaudalados y respetables caballeros. Aunque su respetabilidad resulta ser solo fachada, ya que visitan a menudo un prostíbulo donde dan rienda suelta a sus perversiones hasta llegar al hastío. De vuelta de todo, se siente atraídos por la figura del enigmático Lord Courtley (Ralph Bates), un mefistofélico sosias de Aleister Crowley, que les promete placeres y poder más allá de la comprensión humana.

Por otro lado se nos presenta a los hijos de los tres caballeros, a los que les unen relaciones románticas y de amistad. La contraposición entre la férrea disciplina a la que son sometidos por sus padres, y el indecoroso comportamiento de estos, son una feroz crítica, no ya a las costumbres victorianas, sino a las de la misma sociedad inglesa en que se rodó la película. Los excesos de hemoglobina de las cintas de la Hammer eran sistemáticamente criticadas por los sectores más conservadores, y El poder de la sangre de Drácula funciona como un bofetón a todos ellos.

Courtley convence a los caballeros para que compren las reliquias de Drácula al comerciante que vimos al principio. Con ellos oficia una ceremonia en la que todos deben beber la sangre de Drácula, pero los tres caballeros se rajan en el último momento y solo Courtley toma la sangre, sufriendo por ello una dolorosa agonía. Sus asustadizas comparsas, patean al indefenso Courtley hasta la muerte, pero cuando abandonan la escena del crimen, el poder de la sangre de Drácula obra su efecto. En una animación un poco rancia, pero con mucho encanto a día de hoy, vemos como el cuerpo de Courtley se cubre de una especie de costra, como si se tratase del capullo de un gusano de seda. Al resquebrajarse, no es una mariposa lo que sale, sino Christopher Lee caracterizado como el conde. Nuevamente la motivación de Drácula es tan pueril como la de vengarse de quienes se han cargado a su lacayo. Esta venganza será llevada a través de sus hijos, a los que hipnotiza y vampiriza para que sean ellos mismos quienes maten a sus padres, con lo que se subraya el componente crítico del guion hacia el puritanismo. Especialmente sanguinolenta es la muerte del segundo de los padres, que parece que vaya a ser violado por su hija y su mejor amiga, y que en cierta forma lo es al ser atravesado por la estaca con la que pretendía dar cuenta del conde.

Drácula culmina su venganza, pero antes de que pueda matar a la última de las jóvenes a las que ha utilizado como secuaces (y que vuelve a tratar como a putas), su novio salva el día en una secuencia mal planificada y falta de la espectacularidad que requieren todas las muertes del conde.

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