Besos de vampiro (1989)

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Besos de vampiro es una pequeña película de culto que vuela por encima de su presupuesto e intenciones, gracias a dos de los talentos que participan en ella: El guionista Joseph Minion y el del actor Nicolas Cage.
Minion es un tipo que cuenta con una filmografía paupérrima pero con dos grandes joyas en ella. Este Vampire’s Kiss y la redonda Jo, qué noche (After Hours, 1985).


Ha habido cierta polémica en torno al guion de Jo, qué noche que quizás sirva para entender por qué el autor no ha tenido una carrera más brillante y notoria. Minion escribe un guion llamado originariamente “Lies” como parte de un trabajo para los estudios de cinematografía que cursaba. Griffin Dunne y Amy Robinson (que serían respectivamente protagonista y productora del film) compran el guion. Tras un cambio de nombre por el de After Hours y un periplo de varios posibles directores (estuvo a punto de filmarla un debutante Tim Burton), el texto acaba en las manos de Scorsese, que rueda la obra maestra que todos conocemos. Pero según parece, Minion fusiló parte del guion del monólogo que el artista radiofónico Joe Frank había grabado tres años antes, y que contaba una historia casi calcada a los primeros treinta minutos de Jó, qué noche (y que, para colmo, también se llamaba Lies). Nunca se acreditó a Joe Frank como co-autor del texto, porque al parecer llego a un acuerdo extrajudicial con el estudio para evitar un escándalo que podría ser perjudicial para la película. El monólogo está a disposición de quien quiera buscarlo en internet, y para ser sinceros, deja muy pocas dudas sobre la autoría de esta primera parte del film. ¿Es esta la razón por la que una carrera tan prometedora como la de Minion quedó en nada? ¿Le cerraron sus puertas los grandes estudios? No lo creo. En mi opinión, simplemente no volvió a estar a la altura de sus primeros trabajos.

Volviendo al guion de Besos de vampiro, Minion mantenía una relación con la productora Barbara Zitwer, que prometió sacar adelante un guion suyo si este era lo suficientemente comercial. “Haz algo de terror”, le dijo, “eso siempre tiene público”. No sé qué concepto de “comercial” y “terror” debía andar por la cabeza del escritor, pero fruto de aquella oferta nació el guion de la que hoy analizamos.
Durante años me ha gustado ver Besos de vampiro de manera literal, sin segundas lecturas. Esto es: Un ejecutivo es atacado por una vampiresa que le acosará durante toda la película. Fruto de este ataque, el hombre enloquece auto-convenciéndose de que se está convirtiendo en un vampiro.
Realmente, con un mínimo de análisis crítico con el que se revise la cinta, queda claro que la premisa es muy distinta: Besos de vampiro es la historia de un hombre con un brote de esquizofrenia que fantasea con una vampiresa con la que entabla una relación imaginaria. .
Y vamos con la película, que arranca con unos bellos planos de New York al atardecer. Sobre estas imágenes de la ciudad, suena la suite compuesta por Colin Towns para la ocasión. Un trabajo orquestal redondo que conjuga un ambiente muy newyorkino con violines de cine clásico de vampiros.
Por si alguien alberga alguna duda sobre la teoría del brote esquizofrénico, la primera secuencia tras los créditos es en la consulta de la psicóloga de Peter, el agente literario interpretado por Cage.
Tras esta, un conjunto de secuencias en las que Peter seduce a una joven llevándola a su apartamento (que tendrá un papel importante en la trama como descriptor de la psique de su propietario). Aquí vemos cierto tipo de plano recurrente durante toda la película: un general casi cenital que, además de solventar los problemas de espacio para colocar la cámara que siempre hay en los escenarios naturales, pone al espectador en el papel de alguien que mirase a los personajes como si se tratase de diminutos insectos en un terrario o como a voyeurs (en ocasiones incluso coloca la cámara al otro lado de la ventana).
Mientras la pareja se enrolla, entra un murciélago por la ventana que les ataca. El bichejo es tirando a cutre, pero esa cutrez que entronca con la serie B clásica, tiene su punto de gracia. Además, vista la película desde la teoría de la esquizofrenia, el espectador se preguntará si esa escena tan surrealista está sucediendo realmente o si ya es parte del brote de Peter.
Pasamos a una secuencia en la oficina donde comienza una subtrama entre Peter y el personaje de Maria Conchita Alonso (Alba, la secretaria). Espectador y secretaria compartimos una ligera sonrisa cuando ambos nos damos cuenta de que Peter ha venido a la oficina sin calcetines. Esto me parece una de las genialidades del texto de Minion. El guión está conducido en forma de comedia ligera, que es lo que en ocasiones produce algo tan serio como los síntomas de una enfermedad mental. Todas esas carcajadas que provoca en el espectador, sirven para golpearle con ellas en el desagradable desenlace de la película. Inmediatamente después, vemos a Peter observando por la ventana (eso si estás viendo la versión americana de la película, porque en la española nos han pegado unos tijeretazos aquí y allí que no se entienden muy bien). En la calle hay una pareja a la que contempla con envidia. Peter solo quiere eso, encontrar alguien con quien conectar.

De vuelta a la consulta del psicólogo, Peter confiesa que se puso cachondo luchando contra el murciélago. Mientras, suenan unas campanadas de muerte en la consulta (nuevamente solo en la versión americana), que anticipan el drama que se está gestando.
En un club, Peter conoce a Raquel, interpretada por la bellísima Jennifer Beals (sí, la de Flashdance). Tras un cruce de frases, les vemos en la cama de Peter manteniendo relaciones. Y nuevamente surge la duda. ¿Raquel es alguien real o es producto de la imaginación de Peter? Mi opinión es que Raquel es real, la conoce en el bar, pero no le acompaña a su piso. De hecho, su rechazo podría haber sido el detonante que dispara la psicosis de Peter. Hasta el último cuarto de película, no volveremos a ver a la Raquel real, solo a la imagen creada por la mente de Peter. Volviendo al plano de la cama (nuevamente picado, casi sobre ellos), mientras practican sexo Raquel se convierte en vampiresa y le muerde. Resulta angustiosa la indefensión del protagonista que, primero lucha, pero finalmente se entrega.
A la mañana siguiente, Peter lleva el desayuno al lecho de su amante vampira, pero reacciona con convulsiones al ver que esta ha desaparecido (seguramente, los últimos coletazos de su cordura tratando de contextualizar la situación).
Como comenté, Peter necesita alguien que le quiera, pero su emergente enfermedad sabotea este anhelo y la incipiente relación con la joven a la que conoció la primera noche. Después de darle plantón, Peter escucha en el contestador como la chica corta con él, en un bello plano en el que el apartamento se está transformando en un lugar místico y oscuro, de manera parecida a lo que debe estar sucediendo en el interior de la cabeza del protagonista. Este paralelismo entre cordura-dormitorio lo iremos viendo durante todo el metraje hasta la secuencia final, en la que el salón estará convertido en una pocilga.

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De vuelta en la oficina, Minion nos mete una nueva idea en la cabeza que va desarrollando durante varias secuencias y que eclosionará cuando Peter persiga a su secretaria hasta el servicio de mujeres. Cuando el resto de compañeros del trabajo se entera del incidente, se echan unas risas junto a Peter. Minion intenta decirnos que las relaciones entre empleados y subordinados están tan viciadas, que en un entorno laboral es imposible distinguir un comportamiento normal, de un brote psicótico.
Peter llama por teléfono a la mujer que rompió con él para excusarse por su comportamiento. Ella da por buenas las explicaciones porque no está viendo a Peter, al que el director nos muestra encorvado sobre el teléfono, y filmado con un plano contrapicado que le confiere cierto aire monstruoso. Más adelante repetirá esta misma planificación cuando Peter llame a su psicóloga pasadísimo de vueltas, y con unos colmillos de plástico que hacen que la terapeuta pregunte desde el otro lado de la línea si está resfriado. La pareja concierta una cita para verse en un bar con un nombre curioso: Mondo Canne, título del controvertido documental italiano que exhibía algunas de las más aberrantes costumbres de diversas culturas.
Por supuesto, Peter no asiste a la cita. En una secuencia bellamente fotografiada en las escaleras de la vivienda del protagonista, la vampiresa le subyuga para regresar con ella al apartamento. Nicholas Cage la sigue agarrotado, como una versión new age del Nosferatu de Murnau. Y es en la siguiente secuencia, nuevamente en la consulta de la psiquiatra, donde descubrimos dos cosas: que la doctora es la terapeuta más incompetente y miope de toda la ciudad de New York, y que Cage nació para interpretar este papel. El actor da rienda suelta a todo su histrionismo, básicamente lo que ha hecho durante toda su carrera, solo que en esta ocasión justificado por el argumento y el personaje. El diálogo sobre como archivar papeles es desternillante y Cage está brillante. Este punto marca para el personaje principal el cambio de una espiral descendente, por un salto al vacío sin paracaídas.

besos deVolvemos a la oficina, donde Peter se muestra con Alba como el vampiro pasado de vueltas en que cree haberse convertido y descubrimos que… no se diferencia demasiado del jefe promedio.
Poco después, la escena más famosa de la película: Cage se zampa una cucaracha viva en un plano sin cortes, para que sepamos que no hay truco, al más puro estilo Bear Grylls. En una entrevista preguntaron a Minion por esta secuencia y dijo que era lo único que él no había escrito. Fue una idea de Cage.
Alba por fin encuentra el puto contrato de Der Spiegel, pero Peter le dice que ya es demasiado tarde, aludiendo más a su cordura, que a la utilidad del contrato. A estas alturas, se encuentra muy lejos del punto de no retorno.
Cage corre de vuelta a su casa gritando “¡Soy un vampiro!”. Qué graciosos los locos…
Al llegar a su apartamento termina por destrozarlo. Su casa está hecha mierda y su cerebro está en peor estado. Peter vuelca el sofá y se oculta bajo él como si se tratase de un féretro. De esta imagen se extrajo el desatinado cartel de la película, que al igual que el trailer, la presentaba como una comedia descacharrante; la clase de película que llevaría un título como “Locos, locos, vampiros 2”.
Nos acercamos al final de la película. Peter se mete en una discoteca con unos colmillos de plástico cutres haciendo un montón de aspavientos. Muy pocos se giran a mirarle en una ciudad acostumbrada a los comportamientos extraños y las performances. De hecho no es casual que en la primera parte de la película, Peter pasee como si tal cosa junto a una pareja que está ejecutando una especie de coreografía.
Peter se acerca a una joven que está de vuelta y media. Cage exhibe su colección completa de gestos extraños en una secuencia cómica que termina abrupta y malrolleramente con el asesinato a mordiscos de la chica. Peter regresa a la disco, y aunque no se muestra, seguramente ha visto a Raquel entre la multitud con un hombre. Esto hace que el personaje fantasee con ella despreciándole (y despreciándose a sí mismo por extensión). En la pista vuelve a encontrarse con Raquel, pero esta vez no es una alucinación, y por supuesto la mujer no se comporta como una vampiresa sino como la chica normal que conoció al principio de la película. Rechazado y enajenado, Peter huye por la calles de la ciudad.
A la salida del sol, abrazado a una afilada estaca de madera y con manchas de sangre en su cara y camisa, Peter-Cage asalta a algunos viandantes. Tal y como están rodadas varias de estas escenas (con teleobjetivo), y viendo la reacción de los transeúntes, da la sensación de que Cage estaba improvisando y que los encuentros fueron reales.
Minion propone una penúltima alucinación de Peter con la que articula la clase de final feliz que uno esperaría para el tono de comedia de la película (que por supuesto, no piensa brindarnos en la “realidad fílmica”). En ella, Peter informa a su terapeuta que cambia el tratamiento por la búsqueda del amor, que inmediatamente encuentra en otra de las pacientes de la doctora.

De vuelta al mundo real, el protagonista regresa a su cubil, donde el hermano de Alba le atraviesa el abdomen con la estaca que ha estado cargando en la secuencia anterior. “Sueña conmigo mi ángel”, dice Raquel, “sueña conmigo”.

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